El discipulado no es fruto de la casualidad, aunque sea relacional, requiere planificación, compromiso y organización. La ausencia de un plan claro puede hacer que el discipulado sea inconsistente y a menudo ineficaz.
“Los cambios más poderosos comienzan con decisiones pequeñas y consistentes” (Charles Duhigg). Esto significa que para que el discipulado dé frutos a largo plazo, es esencial establecer una rutina estructurada. La santidad y el crecimiento espiritual no son eventos aislados, sino más bien el resultado de repeticiones diarias, como afirma Tish Harrison Warren en Liturgia del Ordinario: La santidad no surge por casualidad. Crece con la repetición diaria de pequeños actos de fe..
La forma en que utilizamos nuestro tiempo refleja nuestras prioridades. Muchas veces queremos discipular, pero dejamos esta misión por un “espacio vacío” en la agenda – y ese espacio nunca aparece. Nuestro tiempo revela lo que amamos. Lo que priorizamos en nuestra agenda muestra a quién servimos. (Madriguera). Si el discipulado es una prioridad, debe ser en el centro de la rutina de la iglesia y la familia, y no en la periferia.
El tiempo es nuestro recurso más preciado. Si no planificamos, lo desperdiciaremos. (Christian Barbosa). Las iglesias y líderes que no estructuran el discipulado corren el riesgo de verlo esporádico y sin impacto. “Las tareas más importantes deben estar en el centro de nuestra agenda, no en la periferia”. Esto significa que si queremos multiplicar discípulos, necesitamos hacer del discipulado una práctica continua, intencional y bien organizada.
Además, la verdadera productividad en el Reino de Dios sucede cuando Decimos “no” a lo que nos distrae y “sí” a lo que impacta.. Esto incluye delegar tareas, agilizar procesos y garantizar que el discipulado esté arraigado en la vida de la iglesia y la familia.
Discipulado intencional No sucede por accidente – Se construye a través de decisiones diarias, pequeñas acciones y una planificación sólida. Quien quiera formar discípulos necesita estructurar su tiempo y agenda para que esta misión tenga espacio y prioridad. Al final, ¡No hay discipulado sin intencionalidad!