En muchas de nuestras reuniones de discipulado, nos preguntamos: "¿Cómo va tu vida devocional? ¿Buscas una relación más cercana con Dios?". Aunque estaba profundamente involucrado en su ministerio, Jesús tenía la costumbre de retirarse a un lugar desierto, alejándose de las multitudes y estando con Dios. El Dios del universo quiere tener comunión con nosotros.
Para ser verdaderamente los pastores y líderes que Dios quiere que seamos, necesitamos dejar de lado la confusión que nos rodea y escuchar a Dios. Necesitamos escucharlo y esperar que Él hable. El silencio no sólo como ausencia de palabra, sino como postura ante Dios. La oración es nuestra respuesta a la propuesta y al llamado de Dios. La primera palabra es siempre de Dios; La segunda palabra nos corresponde: la respuesta.
Marta le abrió su casa a Jesús, pero eso no significa que le abrió su corazón. En su afán por servirle casi pierde la oportunidad de conocerlo. El activismo de Marta y la contemplación de María no deben estar en oposición, sino en equilibrio. María demuestra más tarde la fe y la confianza que adquirió a los pies de Jesús (Juan 11). La atrevida Marta se vuelve dócil. Es imposible estar en la presencia de Jesús sin ser transformado.
En Mt 11,28 Jesús nos invita a acercarnos a Él y aprender a tener el verdadero descanso, a caminar y trabajar con Él, a observar cómo lo hace, a aprender los ritmos libres de la gracia! Aprender a permanecer cerca del Espíritu de Dios mientras Él trabaja dentro de nuestra alma a través del arrepentimiento o el estímulo. Jesús dice que no impone nada demasiado pesado ni demasiado complicado y que si somos sus discípulos viviremos con libertad y ligereza. Sólo yendo a Jesús antes de ir a la gente a hablar de Jesús podemos vivir en el ritmo sobrenatural del Espíritu y luego unirnos a Jesús en lo que Su gracia está haciendo en la vida de las personas.
Es importante hacer buenos planes para organizar nuestra vida y ministerio, planificar sin escuchar a Dios es construir sin fundamento; Primero escuchamos, luego servimos. Escuchar a Dios y planificar deben ir de la mano.